domingo, 27 de mayo de 2012

ESCRITO POR NEMESIO BARRETO: ZUCOLILLO DONO 8.000 DOLARES PARA LA TORTURA STRONISTA. La fuerte identificación de Zucolillo con el régimen de Stroessner hacía que sus negocios de contrabando, de cubiertas, varillas de hierro, etc, marcharan viento en popa. En suma, su apoyo a la dictadura era un negocio tan floreciente que incluso sobró plata para donar 8.000 dólares al doctor Antonio Campos Alum, conocido como “el carnicero de la Técnica”. STROESSNER-ZUCOLILLO Posted on 17 marzo 2010 | 7 comentarios ESCRITO POR NEMESIO BARRETO:STROESSNER-ZUCOLILLO El caso del capitán Valiente guarda cierta similitud con el desaparecido empresario argentino Fernando Branca. Este era marido de Martha Rodríguez Mc Cormack, amante de Emilio Massera. Martha Rodríguez Mc Cormack, fue después amante del polista Huberto Roviralta. Para la dictadura argentina, Fernando Branca se “ausentó para siempre durante un paseo en barco al que fue invitado por el almirante Massera. La noche anterior, Fernando Branca y el ex almirante habían comido en el Hostal del Lago mientras en una mesa vecina los hombres del grupo de tareas encargados de la faena prevista para el día siguiente identificaban a su blanco”. Otro caso similar es el de Thomas Ince (1882-1924), quien murió en extrañas circunstancias en el yate “Oneida”, propiedad del poderoso empresario William Randoph Hearst. CASO DEL CAPITÁN JOSÉ ANTONIO VALIENTE El capitán José Antonio Valiente, nació el 21 de abril de 1927. Casado con Graciela Pappalardo, hermana de Teófilo Conrado Pappalardo, jefe de Ceremonial del Estado del dictador Alfredo Stroessner. El matrimonio de Graciela Pappalardo con José Antonio Valiente fue anulado por sentencia nº 577, dictada por el Juez Angel Roberto Seifart, el 27 de octubre de 1970. Seifart fue posteriormente vicepresidente de la República (1993-1998). Graciela Pappalardo es la actual esposa del empresario periodístico Aldo Alberto Zucolillo Moscarda, director y propietario del diario ABC color. Aldo Zucolillo Moscarda, había nacido en Asunción el 3 de julio de 1930. José Antonio Valiente, dueño del desaparecido bar “Felsina”, fue asesinado en Buenos Aires, Argentina, poco después del Golpe Militar en 1976. Según documentos del Archivo del Terror (Microfilm 00028F0474), el presunto asesino habría sido Juan Carlos Cabañas, ex secretario del Dr Edgar L. Ynsfrán, temible ministro del Interior del dictador Stroessner, en el período 1956-1966. Según algunos familiares, José Antonio Valiente tuvo una hija de nombre María Adelaida, a quien se le habría cambiado el apellido. El crimen de José Antonio Valiente nunca fue aclarado, desapareció en Argentina, sin que su nombre figure entre los miles de desaparecidos en la Argentina entre 1976-83. BALANCE TRÁGICO El año 1976 concluyó con una veintena de muertos. Las comisarías llenas de presos políticos, ya no daban abasto, a tal punto llegaba el hacinamiento que tuvo que habilitarse como campo de concentración el penal de Emboscada. Este era el trágico saldo del año anterior, cuando en agosto de 1977, llegó al Paraguay el señor Terence Todman, entonces Secretario Adjunto para Asuntos Interamericanos del Presidente James Carter. El Movimiento Independiente (MI) le hizo llegar al señor Todman, un documento sobre las graves violaciones de los derechos humanos en Paraguay. En él se hacia referencia a la grave situación de los presos políticos en general, a quienes se les torturaba sistemáticamente en el Departamento de Investigaciones. (Véase: Archivo del Terror, CDA, microfilm nº 00017F819). OTRO CRIMEN NO ACLARADO: JORGE LUIS MARCHI El primer intento de quemar la ferretería “Nueva Americana” ocurrió en agosto de 1988, murió en aquella oportunidad el sereno Jorge Luis Marchi. Según fuentes de la época, Jorge Luis era hijo de la señora Dora Odriozola viuda de Marchi. Fue sindicado como autor del homicidio a un joven llamado Pablo Galeano Brítez, viudo de 22 años de edad. El médico forense en aquella época era el doctor José María Llano, mientras que la investigación del caso correspondió al juez Eladio Duarte Carballo. Cuando la Ferretería Americana se incendió finalmente en 1991, Aldo Zucolillo, director de ABC color, era socio-gerente de la firma. El corto circuito que dio origen al incendio, según algunos, era una deuda tributaria de 500 millones de guaraníes, una suma que hoy equivaldría a 850.000 dólares. (Se mencionan la Resolución nº 54, del 6 de marzo de 1972, y las resoluciones 327 y 328, de fecha 26 de julio de 1991). El Ministerio de Haciendo, reclamaba una deuda tributaria de 450.856.452 guaraníes. El acta de intervención de los inspectores de Hacienda lleva fecha 1 de julio; el 4 de julio la mencionada firma solicitó el fraccionamiento de la deuda tributaria. Lamentablemente, en el mes de diciembre de 1991, un portentoso incendio consumió por completo la Ferretería Americana. Según “bomberos involuntarios”, el incendio tuvo un efecto muy llamativo: no había dinero para pagar la deuda tributaria, pero inmediatamente después se construyó un Nueva Americana 17 veces más costosa que la reclamada deuda. AUSENCIA DEL ALMIRANTE MASSERA ABC color o “Nido de ratas”(1), – como calificó el dirigente febrerista Humberto Pérez Cáceres al diario de Zucolillo- cumplía su décimo aniversario pocos días antes de la llegada del señor Terence Todman, enviado del presidente Carter. Más contento que perro con dos colas, Zucolillo agradeció la grata presencia del dictador con un titular tamaño catástrofe: “El presidente Stroessner estuvo en nuestra casa” (9-VIII-77). Sin embargo, y pese a la cuidadosa agenda preparada por el Ceremonial Conrado Pappalardo, faltaron lamentablemente a la cita “el ilustre visitante”, almirante Emilio Eduardo Massera y su esposa Delia Ester Dieyra, quienes llegaron recién el jueves 11 de agosto de 1977(1). 1). “Nido de ratas” es una película dirigida por Elia Kazán (1909-2003), cuyo título original era “On the waterfront”(1954). Elia Kazan era conocido como delator de “comunistas”. ZUCOLILLO RECRIMINA A JIMMY CARTER A Zucolillo jamás le importó los derechos humanos y no hay ninguna prueba de que alguna vez haya hecho una sola denuncia sobre la violación de los derechos humanos, ni siquiera en la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). Al contrario, por entonces Zucolillo criticaba la política de defensa de los derechos humanos del Presidente Carter, diciendo que había que “hacer comprender a Estados Unidos que su actual planteo necesita correcciones, así como también garantía de que no abandonará a las auténticas democracias al comunismo en ningún momento y bajo ningún pretexto. Y hasta hoy no tenemos esta garantía”(ABCcolor, 16-VIII-77, pg.10). DONACION A CAMPOS ALUM, DIRECTOR DE “LA TÉCNICA” Está claro que para Zucolillo el gobierno de Stroessner era entonces una “auténtica democracia”, y en prueba de conformidad con su régimen, diría en otro editorial que “Al señor Todman este diario ya le expuso algunos de sus puntos de vista sobre el asunto-derechos humanos-, pero hay otros que no le expusieron porque entendimos que se está, ante todo, frente a cosas que los propios paraguayos debemos plantear y resolver exclusivamente entre nosotros”(ABC, 18-VIII-77). La fuerte identificación de Zucolillo con el régimen de Stroessner hacía que sus negocios de contrabando, de cubiertas, varillas de hierro, etc, marcharan viento en popa. En suma, su apoyo a la dictadura era un negocio tan floreciente que incluso sobró plata para donar 8.000 dólares al doctor Antonio Campos Alum, conocido como “el carnicero de la Técnica”. LOS DUENDES DE LA REBELDÍA Un buen día Zucolillo descubre que el gobierno de Stroessner era en realidad una perversa dictadura, pero ya era demasiado tarde, pues cuando el “ilustre jefe” clausuró su diario, Stroessner ya llevaba 30 años en el ejercicio del poder discrecional. Comienza entonces a remar hacia la otra orilla, convirtiéndose sin más trámites en uno de “Los duendes de la rebeldía”. Viaja a Madrid en 1987 para asistir a las “Jornadas por la democracia en el Paraguay” (4/II/87, CDA, Mflm. 0020F0743). Allí Zucolillo plantea el “estado de cosas” que diez años antes y según el mismo, “los paraguayos debemos plantear y resolver exclusivamente entre nosotros” (ABC-color, 18-VIII-77). RENTABILIDAD Y PATRIOTISMO Zucolillo siempre le puso precio a la complacencia y obtuvo, de hecho, razonables beneficios de los gobiernos de turno. Durante el gobierno de Wasmosy, por poner un ejemplo, sólo en septiembre de 1996 recibió avisos oficiales por un monto de 60.266.310 guaraníes. También se recuerda que acusó a Lino Oviedo de ser un militar golpista, pero más tarde (18-IV-97), especulando sobre futuras ventajas, delcaró a Radio Uno que Lino Oviedo era el único que podía mantener al partido colorado en el poder y que “era el candidato de su preferencia”. Este contradictorio caballero, siguiendo la tradición familiar, también se incorporó a los padrones del “Partido de la billetera”. Don Antonio Zucolillo Abbondante, quien había vendido “abbondante” azúcar a los bolivianos durante la Guerra del Chaco, le dio a su hijo lecciones básicas sobre la escasa rentabilidad del patriotismo. EL DELIRIO CONTINUA La nota aparecida en ABC color, el sábado 16 de octubre de 1999, reunía todos los requisitos literarios para ocupar un espacio privilegiado en una antología del disparate. Bajo el título “Se va cumpliendo el plan de hostigamiento sistemático”, Zucolillo deja al descubierto el “plan” de sus adversarios: “1. Provocar al diario obligándolo a defender constantemente a Lino Oviedo; 2. Enviar noticias falsas y develar la misma a la opinión pública. 3. Acusar al director de acciones pro oviedistas y que esas acusaciones sean hechas por personas insolventes. 4. Aprovechar la personalidad de Aldo Zucolillo para minar su credibilidad, provocarlo y exponerlo permanente para que su “sangre italiana” actúe en su contra; 5. Profundizar su espíritu autocrático para que pierda cohesión en su redacción y poder sobre sus periodistas; (El punto 6 no aparece) 7. Insistir en los ataques a Conrado Pappalardo, dado que su parentesco no lo hará provocar reacciones desmedidas; 8. Apuntar a su altivez y sobervia: no admitirá errores e insistirá en profundizar en pistas falsas”. CARTOGRAFÍA PARA EXTRAVIADOS El Dr. Christian Zimmermann, discípulo aventajado del mago Martínez de Hoz, vino al Paraguay cuando descubrió que para efectos judiciales “Argentina no termina en la General Paz”. Pronto lo contrató Zucolillo para predicar desde ABC color la ideología del sálvese quien pueda. Estaba a punto de convencernos de que su receta económica podía resolver todos nuestros males, cuando salieron a la luz sus aventuras de Bancopar y otras entidades financieras. Claro está, tratándose de este caballero de “fina estampa”, Zucolillo y su cuñado Teruco no podía permitir que un argentino, listo como el hambre, tuviera camarote propio en la cárcel de Tacumbú. EL “PLAN Z” El ideólogo del Plan Z, que consistía en sentarlo a Zucolillo en el sillón ocupado por el dictador Stroessner, fue el controvertido Dr. Fernando Levi Rufinelli. Sin embargo, tal plan falló cuando Angel Arias, administrador de ABC color, cometió la imprudencia de hacer comentarios a su pariente Alejandro Cáceres Almada. Fue así como Zucolillo se quedó definitivamente sin su Sillón Presidencial. El “Plan Z” fue un delirio más de Aldo Zucolillo. ZUCOLILLO DEFINE LA CORRUPCIÓN El año en que la Ferretería Americana SRL cumplía su 40 aniversario, ABC color, en un editorial del domingo 9 de julio de 1995, nos hacía saber a todos los paraguayos de adentro y de afuera que las “evasiones impositivas…no deben confundirse con la corrupción”. La organización Transparencia Internacional debiera tomar nota de esta notable e inapelable definición. Por lo demás, gracias a la sapiencia de Zucolillo los evasores de impuestos ya pueden estar tranquilos, pues ya tienen la certeza de que están excluidos del padrón de los corruptos. LUCES EN LA CIUDAD El día que se inauguraba la sede actual de la embajada americana y se prendían luces multicolores en forma simultánea en Asunción y Washington, también se prendieron las luces en la concurrida esquina de la calle Mariscal Estigarribia e Independencia Nacional. En efecto, la Ferretería Americana SRL se constituyó por Escritura Pública nº 10, el 19 de diciembre de 1955, ante el escribano Carlos Solari. LO QUE EL INCENDIO SE LLEVÓ Cuando la Ferretería Americana “quedó combusto” –como diría Dante”, Aldo Zucolillo, director de ABC color, era socio-gerente de la firma. El corto circuito que dio origen al incendio, según bomberos involuntarios, era una deuda tributaria de 500 millones de guaraníes, una suma que hoy equivaldría a 850.000 dólares. No era la primera vez que Zucolillo evadía impuesto. En este sentido se puede mencionar la Resolución nº 54, del 6 de marzo de 1972. Después vinieron las Resoluciones 327 y 328, de fecha 26 de julio de 1991, que en conjunto reclamaba una deuda tributaria de 450.856.452 guaraníes. El acta de intervención de los inspectores de Hacienda lleva 1 de julio; el 4 de julio la mencionada firma solicitó el fraccionamiento de la deuda. Lamentablemente, en el mes de su 46 aniversario, un portentoso incendio consumió por completo la Ferretería de Zuccolillo. El incendio tuvo efectos más que llamativos. No había plata para pagar la deuda tributaria, pero inmediatamente después se construyó un “Nueva Americana” 17 veces más costosa que la fraccionada deuda tributaria. CUENTERO ENREDADO EN SU LENGUA El lunes 13 de marzo de 1995, “Abc color” (P.14) publicó una nota editorial en la que hablaba sobre “El retorno de Stroessner y el juicio a la dictadura”, poco más arriba de la página editorial puede leerse: “clausurado por la dictadura el 22 de marzo de 1984 por defender la libertad”. (La pregunta que se impone es: ¿Cuándo Zucolillo defendió la libertad?). No hay motivo para cuestionar el presumido aserto del slogan, sobre todo en su primera parte. Tampoco hay motivo para no decir que “ABC color” empezó a sentir los rigores de la dictadura 17 años después de su fundación, cuando Stroessner ya estaba en víspera de cumplir su trigésimo aniversario en el poder. Podría decirse también que –sin que sea necesario aplicar la cinta métrica a la obsecuencia-, entre 1967 y 1984, “Abc color” prodigó tantos elogios al dictador en sus páginas, que serían más que suficientes como para empapelar con ellas todo el Palacio de López. Por tanto, en el juicio a la dictadura debe incluirse a sus alabarderos, a sus beneficiarios (Zucolillo entre ellos) y a quienes la legitimaron. Aldo Alberto Zucolillo fundó “Abc color”, el 8 de agosto de 1967, bajo el padrinazgo del general Alfredo Stroessner, quien asistió a la inauguración del “diario joven con fe en la patria”. Desde entonces, y hasta poco antes su clausura en 1984, en incontables editoriales, Zucolillo defendió con vehemencia la política y la larga era de paz y de progreso del gobierno del general Stroessner. Claro está, los negocios de los Zucolillo prosperaban gracias al “ilustre jefe” y por ello era frecuente encontrar a ambos en numerosas “estampitas” de la época. (Recuérdese que Zucolillo proveía de automóviles Chevrolette –caperucitas- a la policía de Stroessner, por lo que el cinismo resulta evidente cuando menciona en “Hace 10 años” que “La sola presencia de las caperucitas en los barrios resultaba traumática para cualquier ciudadano” (ABC, 29/VII/97). ZUCOLILLO Y SUS VÍNCULOS CON STROESSNER “Fotografías de Zucolillo con Stroessner deben haber varias…la verdad es que todos queríamos salir con él, yo también ¿porqué no? Es cierto, pueden haber 20 años, los primeros de gobierno de Stroessner yo querría que alguien me niegue que fueron muy constructivos, que pueden haber defectos de derechos humanos, con mucho gusto acepto. Pero, que fueron constructivos lo fueron y nuestros editoriales descifraban eso, 20 años de construcciones”. (Declaraciones de Aldo Zucolillo a Radio Ñandutí, el 12 de Diciembre de 1996). Aldo Zucolillo padece de una especie de “amnesia selectiva” cada vez que se refiere a los “stronistas”, y hasta es comprensible que así sea, esencialmente porque él mismo estuvo fuertemente vinculado al General Stroessner. Este hecho explica su propia exclusión de la lista de “stronistas” elaborada para la desaparecida columna titulada “Hace 10 años”; explica también porqué estuvieron injusta y notoriamente ausentes su hermano Antonio Zucolillo, consuegro de Stroessner y embajador en Londres (1980-1989); su otro hermano, Julio César Zucolillo, delator al servicio del Jefe de Investigaciones, Pastor Coronel, y por último su cuñado, Conrado Pappalardo Zaldívar, eterno encargado de los actos ceremoniales del dictador. Si uno se toma el trabajo de buscar en “Hace diez años”, que comprende el período 1979-1989, comprobará que algunos nombres están llamativamente ausentes. Por ejemplo, porqué no aparece el nombre del cuñado Pappalardo en la lista de quienes en junio de 1988 acompañaron a Stroessner al Epcot Center de Orlando, Florida (EEUU). Será que Conrado Pappalardo, según el criterio periodístico de Zucolillo, no reunía suficientes méritos para figurar en la lista de estronistas de ABC color o es que en “Hace diez años” no se admitían parientes? Con estos antecedentes, y para decirlo con palabras de Zucolillo: “Es bueno que la memoria colectiva no se deje confundir por la inversión de culpas y responsabilidades que en esta campaña electoral se intenta, quizá porque quienes la inventan y la utilizan confían en que, de tanto falsear el pasado, la memoria de este pueblo flaquee, se desoriente y acabe por absolver a los verdaderos culpables de nuestros males presentes”. A este comentario sólo cabe agregarle otro, que el señor Aldo Zucolillo, tiene como pasatiempo preferido FALSEAR EL PASADO. COQUETEANDO CON LOS VERDUGOS “El joven que muere torturado por no confesar se convierte en un testimonio absoluto de la humanidad y gracias a él se puede seguir viviendo” (Ernesto Sábato) Tras conocerse la visita que realizaría a nuestro país el general Jorge Rafael Videla, tres semanas antes de ser apresados Alejandro José Logoluso y Marta Landi, quienes luego desaparecieron en la Argentina, Aldo Z ucolillo apronta un editorial para coquetear anticipadamente con los verdugos. En un editorial titulado “Es fácil pontificar lejos del problema” (4-III-77), Aldo Zucolillo sostiene cuando sigue: “Hay ciertos países, en efecto, donde no todos los derechos humanos tienen el reconocimiento y el amparo que debieran, pero en los que tal situación no es ni puede ser considerada definitiva, porque en ellos en verdad no se la desea”. Es decir, según Zucolillo, Videla y su Junta asesinaron, torturaron e hicieron desaparecer a cerca de 15.000 personas sin querer. “La república Argentina puede ser considerada como un buen ejemplo del primero. Admite su gobierno y su pueblo mismo que actualmente están restringidas ciertas libertades y conculcados algunos de los derechos humanos, pero la tendencia general de ese país, la aspiración final de los argentinos, incluidos sus gobernantes, mira a superar ese estado de cosas, a restablecer la normalidad absoluta tan pronto como sea posible”. Esta afirmación, además de ser una falsedad perversa, ofende la memoria de miles de víctimas, ya sean desaparecidas o supervivientes, de la gran carnicería humana que entonces funcionaba a todo vapor. Pero en su afán de complacer a los asesinos, Zucolillo continúa diciendo: “Mientras una nación conserve vivas tales aspiraciones, difícilmente se la podrá catalogar entre las enemigas declaradas de los derechos humanos. En todo caso, a ese juicio no se puede llegar sin realizar primero un sincero esfuerzo por realizar primero un sincero esfuerzo por ubicarse en sus circunstancias y pensar, con justicia y sin pasión, que haría uno mismo en su lugar”. Este ilustrativo editorial nos averigua lo que Aldo Zucolillo haría, “con justicia y sin pasión”, estando en lugar de Videla. Este es el Zucolillo real, retratado por el mismo Zucolillo, “cuentero enredado en su lengua”, tenía vínculos políticos y afectivos con la dictadura, por eso su cuñado, el encargado de los actos ceremoniales del dictador, Conrado Pappalardo, no aparece en su lista de “Hace 10 años”. Y podría indagarse más: ¿Era dictadura cuando el 15 de junio de 1974 se casó Hugo Fernando Zucolillo (hijo de Tuco y sobrino de acero) con María Olivia Stroessner Mora? O cuando “El presidente Stroessner estuvo en nuestra casa”? (ABC color, 9/VIII/77). Entonces, lo único que falta es saber ¿Cuándo empezó exactamente la dictadura para Aldo Zucolillo? La pérdida de privilegios y cuestiones impositivas, sumadas a una que otra nimiedad, hicieron que Aldo Zucolillo empezara a remar hacia la otra orilla; un día cualquiera, treinta años después de haberse iniciado, Zucolillo descubre de pronto la dictadura. A partir de entonces su obsesión fue desvincularse de sus padrinos de antaño, quería “quemar las naves”, desandar todo su itineriario de complacencias y adulonería; pero dejó tantas huellas que no había suficiente leña para ejecutar tan ambicioso propósito. Cuentan que asesores y especialistas en “fe de erratas” le explicaron a Zucolillo que borrar el pasado no era tarea fácil, pero que este “desmemoriado” pueblo podía aceptar que se le cuente el final de la película: así nació la serie titulada “Hace diez años”. ZUCOLILLO, ITINERARIO DE IDA Y VUELTA Don Miguel Ignacio Pereira compró en 1966 la “Industrial y Comercial Lala Ltda..”, empresa que Aldo Zucolillo tenía en San Pablo, Brasil. Con lo recaudado en esta operación comercial, sumado a las aportaciones de otros socios, un año después fue fundado el diario ABC color. El excelentísimo Presidente de la República, don Alfredo Stroessner, fue especialmente invitado al acto inaugural del diario que “deseaba evaluar con objetividad” las obras de gobierno del dictador. Como era de esperar, Zucolillo pronto se alistó en las filas de quienes criticaban a los opositores que no deseaban legitimar con su voto la dictadura del general Alfredo Stroessner, expresando que “La politiquería no sólo se ha entronizado en la vida de las estructuras del gobierno, sino que también tiene su modus operando en la mentalidad de la propia oposición, que de una u otra forma hace bandera de un absurdo abstencionismo cívico, o vive rumoreando sistemáticos y presuntos golpes de estado, o especula sobre inminentes cambios con cálculos de pitonisa” (“Politiquería”, editorial de ABC color, 9 de enero de 1968). Había entonces miles de exiliados de todos los partidos y presos políticos dispersos en casi todas las comisarías del país, 176 presos contando sólo la lista de la “Técnica” de Antonio Campos Alum. A nadie le importaba demasiado la situación de los presos políticos, que por entonces ya llevaban años en los sucios calabozos, como, por ejemplo, Napoleón Ortigoza, Antonio y Ananías Maidana, Alfredo Alcorta, Julio Rojas, Emilio Barreto, Livio González Santander, etc. Como comerciante, vinculado a los grupos de poder, conocía perfectamente la “escasa rentabilidad del patriotismo”, de modo que lo que Zucolillo quería era que se votara, pero por intereses bien definidos y que nada tenían que ver con la democracia. Entre las razones cívicas figuraba el Decreto nº 29.252, de septiembre de 1967, que había creado el Consejo Nacional del Trigo, para la ejecución del Programa Nacional de Cultivo del cereal mencionado. Para el financiamiento del “Plan triguero”, el Banco Nacional de Fomento destinó en 1968 un fondo de 500 millones de guaraníes, una considerable suma de dinero para aquella época; el principal beneficiario de este fondo no sería otro que el eterno Ceremonial del Estado, Don Conrado Pappalardo Zaldívar, convertido tiempo después en el celebérrimo cuñado de Aldo Zucolillo. Algunos memoriosos aún conservan la esperanza y el interés en saber si los 42.000.000 de guaraníes (334.000 dólares), monto del préstamo otorgado a Pappalardo, retornó a su lugar de origen o si pasó a engrosar la privilegiada lista de “cuentas del otario” del Banco Nacional de Fomento. Del fondo del “Plan Triguero”, la firma Pappalardo utilizaría nada menos que el 9 % del total, porcentaje suficiente para sentirse honrado con la amistad de Stroessner. A Zucolillo y a Pappalardo –versión tropical de Charles Maurice Talleyrand- “caballeros de billetera dorada”, jamás les importó la democracia ni los derechos humanos. Al contrario, siempres se acomodaron con los mandones de turno. Eso sí, estos caballeros tienen la rara virtud de saber a quién traicionar y en qué momento preciso hacerlo, “no sea que la victoria sea más costosa que la derrota”. ZUCOLILLO Y SU FAMA DE DELATOR Aldo Zucolillo, director del diario “Abc-color”, tiene recorrido un largo trecho como delator, hecho que puede verificarse en publicaciones de su propio diario. Zucolillo adquirió su triste fama de delator en aquel trágico año de 1976, cuando publica en primera plana la foto del sacerdote Miguel Sanmartí García, a quien atribuye la jefatura principal de una organización terrorista (ABC color, 8/IV/76). Un mes después, Zucolillo publica, también en primera plana, las fotos de peligrosos extremistas, como José Luis Simón y los hermanos Bogado Tabacman, entre otros (ABC color, 8-V-76). La fama de delator de Zucolillo llegó hasta la península ibérica. En lo que afectaba al sacerdote Sanmarti García, la revista española “Cambio 16” se refirió al asunto en los términos que siguen: “Como en un cartel del far best norteamericano, junto a la foto del requerido por la justicia apareció la noticia en el diario ABC color de Asunción del Paraguay a comienzos de abril. Poco podía hacer la ciudadanía local para ayudar a capturarlo. En aquel momento el “peligroso criminal” estaba cómodamente instalado en la residencia de su Orden en Barcelona, donde llegara hacía cinco meses”. (Cambio 16, Madrid, 24 de mayo de 1976). Esta feliz coincidencia de Zucolillo con “los altos objetivos del Superior Gobierno de extirpar el cáncer del comunismo” fue retribuida al año siguiente cuando el 8 de agosto de 1977, el dictador Stroessner asistió al décimo aniversario de “ABC color”. Pero no iba a contentarse con ser un simple delator, pues su principal competidor en la adulonería, Humberto Rubín, ya había ascendido al rango de animador oficial de los cumpleaños de Stroessner, era claro que Zucolillo necesitaba reunir más méritos. Consecuente con este propósito, el 8 de marzo de 1979, Aldo Zucolillo aporta la suma de 8000 dólares para que el temible Director de la Técnica, Antonio Campos Alum, pudiera denunciar ante el Congreso Anticomunista Mundial “la maniobra procomunista del presidente Carter”. El “demócrata Zucolillo” considera ineficiente la maquinaria de la muerte dirigida por Campos Alum realizando entonces sus propias pequisas en ABC color, descubriendo en tiempo record el antídoto contra el comunismo apátrida. Sin embargo, en la “receta de Zucolillo” puede apreciarse un portentoso elogio de la represión. Efectivamente, en su editorial titulado “El verdadero enemigo del comunismo está en la democracia” (Abc, 24-VI-79, p.8), Zucolillo, hace estas consideraciones: “Desde luego, esto no quiere decir que entre los métodos de lucha contra el comunismo no ocupe un lugar –y de importancia- el poderío militar o que se deba renunciar a todo aquello que abarca el concepto genérico de represión”… Está clarísimo, según este desalmado, no hay que “renunciar” a la tortura-picana, pileta y garrote- que están incluidos en el “concepto genérico de la represión”. Siguiendo con su demencial razonamiento, Zucolillo llega a la novedosa conclusión de que “el comunismo no teme a esta forma excesiva de represión. Por el contrario, son múltiples las indicaciones que revelan que la procura y la fomenta. Busca ser perseguido y quiere que la persecución sea lo más intensa y despiadada posible…” Para Aldo Zucolillo, que hoy quiere aparecer ante la opinión pública como “defensor de la libertad”, los presos políticos pasaban momentos muy agradables y placenteros en la confortable “Técnica” o en el Departamento de Investigaciones, de Pastor Coronel, y cuanto más “intensa y despiadada” era la pileteada, el “pileteado” –según Zucolillo- se sentía como si estuviera en una reparadora sesión de sauna o bañándose en una apacible playa caribeña. Pero hay más, el “demócrata Zucolillo” en la penúltima parte de su “Elogio de la represión” todavía se anima a afirmar que “la represión excesiva puede surgir a veces de la sinceridad…” Cualquier comentario sobre esta demencia corre por cuenta de quienes sufrieron persecuciones y terribles torturas. Aldo Zucolillo, aventajado discípulo del inquisidor Torquemada, no sólo justificó los “veinte años de labor, sino que ocupó su puesto en las trincheras de Campos Alum para oponerse a la defensa de los Derechos Humanos del Presidente Carter. Hoy a Zucolillo le indigna que la prensa publique las fotos de los asesinados en el mes de marzo de 1999 y sigue defendiendo a quienes prometían ríos de sangre, a los que venían incitando a violar los derechos humanos, hecho sumamente grave y considerado como delito en todos los países signatarios de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Carta de Monseñor Rolón a Papplardo: “Cuando esta libertad y los derechos que se les vincula son sistemáticamente violados; cuando la liberación es apenas una palabra; cuando el mismo pueblo cristiano y la Iglesia que lo expresa son sofocados abiertamente en el ejercicio de su vida y de su misión evangélica de liberación, no tiene sentido una celebración litúrgica de acción de gracias referida a la gesta de la independencia nacional”. Fragmentos de una carta del Arzobispo de Asunción, Monseñor Ismael Rolón, al Ceremonial del Estado, Dr. Conrado Pappalardo. REACCIÓN DE ZUCOLILLO SOBRE EL CASO PINOCHET A pedido del juez español Baltasar Garzón, el 16 de Octubre de 1998, fue detenido en Londres el ex dictador chileno Augusto Pinochet. En la calle Yegros no cayó bien la pretensión ibérica de juzgar a un dictador sudamericano fuera de su hábitat “natural”. Indignado por tan “arbitraria” pretensión del juez español, Aldo Zucolillo publica un frondoso editorial en el que se pregunta: “¿Cuál es la diferencia entre el dictador Augusto Pinochet y el tirano Fidel Castro, más allá del hecho de que éste último llevó a su país al atraso, al hambre y la prostitución, mientras el primero modernizó y trajo prosperidad al suyo?”. EN DEFENSA DE PINOCHET Zucolillo en su editorial asume abiertamente la defensa de Pinochet, y para integrar correctamente su alegato lo hace en los siguientes términos: “El gobierno comunista chino asesinó de una sola vez en la Plaza de Tiananmen a miles de estudiantes que se manifestaban a favor de la democracia, muchos más de los que se denuncian como muertos y desaparecidos durante la cruenta guerra de guerrillas librada en los diecisiete años del régimen dictatorial de Pinochet”. ( Ver: “Bochornosa hipocresía internacional”. Editorial de ABC-color, 8 de noviembre de 1998, página 14). En este editorial, que pudo haber escrito el propio general chileno Manuel Contreras, ex jefe de la DINA, Zucolillo expone sus argumentos como flamante abogado defensor: a Pinochet no se lo debe juzgar porque no se diferencia en nada de Fidel Castro, segundo: Pinochet trajo prosperidad a Chile y Castro trajo al suyo el atraso, el hambre y la prostitución; tercero, no se puede juzgar a Pinochet antes de que los comunistas chinos estén en el banquillo de los acusados; y por último, los “muertos y desaparecidos” en Chile, murieron o desaparecieron “durante la cruenta guerra de guerrillas”, es decir, murieron en combate; luego, de ley pareja nadie se queja. Según Zucolillo, lo que pasó en Chile, es más o menos como diría Arthur de Gobineau, que “los salvajes también empezaron a comerse a los caníbales”. Ahora bien, a qué responde esta encendida defensa de Pinochet? ¿ Porqué tanta indignación en la calle Yegros? Esta indignación podría no ser tal y por ello hay que ubicarla en el contexto. A fines de octubre del año pasado, el abogado Samuel Buffone – representante legal de los familiares de Orlando Letelier y Ronie Moffit en Washington- pidió la reapertura del “Caso Letelier”. Simultáneamente el juez Baltasar Garzón también pedía informes a Washington sobre la participación de Michael Townley en el secuestro y asesinato del diplomático español Carmelo Soria. El lector debe preguntarse qué le importa a Zucolillo el pedido de Buffone y el de Garzón? Por de pronto puede afirmarse categóricamente que a Zucolillo si le importa y mucho, y para comprenderlo habrá que volver a relatar lo indispensable de una vieja historia. CONRADO PAPPALARDO, UN CUÑADO EN APUROS Cuando Zucolillo perseguía terroristas imaginarios en 1976, en la primera semana de junio de ese año llegaban a Paraguay dos terroristas en serio: Michael Townley y Armando Fernandez Larios. Estos pertenecían a la DINA, temible policía secreta de Chile. En Asunción tomaron contacto con el cuñado de Aldo Zucolillo, el eterno ceremonial del estado, Dr. Conrado Pappalardo Zaldívar, quien gestionó pasaporte falso ante la embajada norteamericana en Asunción para Michael Townley y Fernández Larios, con el nombre supuesto de Williams Rose y Alejandro Romeral Jara, respectivamente. ATENTADO EN WASHINGTON El 21 de septiembre de 1976 se produjo en Washington un atentado en el que perdieron la vida el ex canciller Orlando Letelier y su secretaria norteamericana Ronnie Moffit. Tiempo después se supo que la Justicia norteamericana había hallado culpable del atentado a Michael Townley y el capitán Armando Fernández Larios. Nadie sabe con certeza cómo se libró Conrado Pappalardo del “caso Letelier”. No obstante, ahora que se presiona cada vez más para desclasificar los documentos secretos del caso en poder del Departamento de Estado Norteamericano, tal vez en algún momento pueda imputarse a Pappalardo.Consecuentemente, la indignación en la calle Yegros por la detención de Pinochet en Londres se justifica plenamente; en tanto que la “bochornosa hipocresía internacional” de Zucolillo, ubicada en ese contexto, parece estar inspirada en un sentimiento premonitorio , el que anuncia un juicio y castigo para su pariente. UNA COSTUMBRE INDECENTEMENTE VIEJA En septiembre de 1967, por decreto nº 29.252, se creó el Consejo Nacional del Trigo, a fin de poner en ejecución el cultivo de este cereal. Para el financiamiento del denominado “Plan Triguero”, el Banco Nacional de Fomento destinó en 1968 un fondo de 500 millones de guaraníes, una respetable suma de dinero para aquella época. El principal beneficiario de este fondo no sería otro que el eterno Ceremonial del Estado, don Conrado Pappalardo Zaldívar, convertido tiempo después en cuñado y protector de Aldo Zucolillo. Del fondo del “Plan Triguero”, la firma Pappalardo utilizaría nada menos que el 9 % del total, un razonable porcentaje como para sentirse honrado con la amistad del general Stroessner. Algunos memoriosos todavía conservan la esperanza y el interés en saber si los 42 millones de guaraníes – 334.000 dólares de entonces-, monto del préstamo otorgado a Pappalardo, retornaron a su lugar de origen o si pasaron a engrosar la privilegiada lista de “cuentas de otario” del Banco Nacional de Fomento. Finalmente, hay que decir que después de los últimos apresamientos derivados de la “masacre de Caaguazú”, el dictador Stroessner designó a Antonio Zucolillo Moscarda como embajador de Paraguay en Londres (Reino Unido), el 28 de Octubre de 1980, según Decreto del Poder Ejecutivo nº 20.295. (ALFREDO CAÑETE, fue Ministro de embajada interino, entre febrero y octubre de 1980, según Decreto nº 13.400 del 11 de febrero de 1980). Fuente: ”Historia sincera del Paraguay contemporáneo”. Nemesio Barreto Monzón. Edición del Autor. Asunción, 2004. Páginas 7-20

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